El tiempo está loco

Noviembre ya está aquí, aunque sinceramente lo digo, no lo parece. El otro día salí a dar un paseo y juro que por un momento me pareció primavera: el sol que calentaba la espalda, los pajarillos cantando, las abejas en la hiedra florecida. La Conferencia sobre Cambio Climático de París (también conocido como COP21) está a la vuelta de la esquina (se celebra el lunes, 30 de noviembre) y estos días no se deja de hablar de cambio climático esto, cambio climático lo otro. Y lo veo bien: hay que hablar del cambio climático. Pero lo que yo quiero saber —yo, y espero que alguno más— es: ¿qué se está haciendo realmente? ¿Qué propuestas existen? ¿Se van a (podrán) cumplir? O como esta crisis migratoria que asola Europa, ¿también se va a quedar todo en papel mojado para la próxima década? Esperemos que no, pero ¿qué más tiene que pasar hasta que tengamos que hacer algo radicalmente serio y cometido?

Logo de la Conferencia sobre Cambio Climático celebrado en París, noviembre 2015.

Algunos hablaban el otro día de “ola de calor”: el veranillo de San Martín. Que está muy bien, los días son preciosos y se pueden aprovechar mucho. Pero no dejo de pensar, ¿es tan normal como todos dicen? Lo comento a la gente, pero me responden que «esto es normal, siempre ha ocurrido». “Siempre ha ocurrido” me parecen palabras mayores. Lo que sí está claro —como informan los servicios meteorológicos— es que no sólo en España se están registrando temperaturas anormalmente superiores a la media (hasta 10 ºC más en países del este y el norte de Europa). Debemos tener en cuenta que El Niño ya ha comenzado y el clima mundial ha entrado en una etapa de convulsión, pero ¿qué parte de esto es natural, causada posiblemente por El Niño, y qué parte ha sido agravada por el cambio climático? ¿Hasta dónde podemos decir que “esto es normal”? Obviamente, no voy a caer en el cliché de “todo ahora es culpa del cambio climático” (una moda entre los alarmistas), y me ando con cautela diciendo (escribiendo) lo que digo. Pero he ahí mis dudas. Disculpadme.

Por otra parte, en Madrid se han superado los niveles permitidos de contaminación por dióxido de nitrógeno y el Ayuntamiento ha puesto en marcha una serie de medidas preventivas para paliarlo: ayer, jueves 12 de noviembre, entró en vigor a las 6:00 de la mañana la reducción de la velocidad máxima a 70 km/h en la circunvalación M-30 y las vías de acceso a la capital; hoy viernes, porque siguen los niveles altos de contaminantes, excepto por los residentes, el Ayuntamiento no permitirá aparcar en las zonas reguladas. Veremos en las próximas horas si estás medidas funcionarán o si harán falta más… Cabe destacar, con esta fijación por la economía, que el cierre al tráfico, como calculado por el Consorcio de Transportes, le costará a la Comunidad casi 2 millones de euros al día por ofrecer servicios gratuitos de transporte.

El cielo de Madrid vistiendo su ya famosa “boina” de contaminación

Pero esto realmente no es noticia: ya se han superado los niveles de contaminación en otras ciudades europeas (entre otras muchas, como Pekín o Shanghai, aunque allí parece ya el pan de cada día) como Londres o París, y allí también se han tomado medidas a corto plazo. La pregunta en boca de todos es: ¿pero realmente funcionan estas medidas? ¿Realmente reducir la velocidad reduce la contaminación? ¿Y qué hay de los efectos a largo plazo, efectos en la salud y el medio ambiente? ¿Qué harán los Ayuntamientos para paliar eso? ¿O acaso eso no es su competencia?

Lo cierto es que no creo que la solución al cambio climático empieza sólo por reuniones gubernamentales en cumbres internacionales: que sí, que sin duda hará mucho si se lo tomasen más en serio, como hacen con los mercados y los bancos. Pero no sólo. Ahora con el auge de los movimientos sociales y populares, también debería extenderse más la concienciación ciudadana del cambio climático y que las soluciones también empiezan por gestos muy simples, algo que a muchos a menudo se les olvida. Como coger más el transporte público, que en Madrid no está del todo mal.

Los datos están ahí: ya han declarado el año 2014 como el más cálido desde que existen registros climáticosy por lo que hemos observado este año, se predice que el año 2015 va ser incluso más caluroso que el anterior. Esperemos a ver qué dicen el año que viene. Me inquieta pensar, ¿y cuántos “años más calurosos” harán falta hasta que digamos: «basta, hasta aquí llegamos y ya no más»; hasta que decidamos que es hora de cambiar?

En fin, en mi cabeza las preguntas son: ¿cuánto más hará falta? ¿Hasta dónde tenemos que llegar?

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